XXXIV Domingo del Tiempo Ordinario
NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
Solemnidad
Antífona de entrada (Ap 5, 12; 1, 6)
Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza y el honor. A él la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.
Se dice Gloria.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno,
que quisiste recapitular todas las cosas
en tu Hijo muy amado, Rey del Universo,
haz que la creación entera,
liberada de la esclavitud,
sirva a tu majestad y te glorifique sin fin.
Él, que vive y reina contigo. en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Lecturas correspondientes a cada ciclo litúrgico:
AÑO A:
1lec: (Ez 34, 11-12. 15-17)
Sal: (Sal 22, 1b-2a. 2b-3. 5. 6 (R.: 1b))
2lec: (1 Cor 15, 20-26. 28)
Ev: (Mt 25, 31-46)
AÑO B:
1lec: (Dan 7, 13-14)
Sal: (Sal 92, 1ab. 1c-2. 5 (R.: 1a))
2lec: (Ap 1, 5-8)
Ev: (Jn 18, 33-37)
AÑO C:
1lec: (2 Sam 5, 1-3)
Sal: (Sal 121, 1bc-2. 4-5 (R.: 1bc))
2lec: (Col 1, 12-20)
Ev: (Lc 23, 35-43)
Se dice Credo.
Oración sobre las ofrendas
Al ofrecerte, Señor,
el sacrificio de la reconciliación humana,
pedimos humildemente que tu Hijo
conceda a todos los pueblos
los dones de la paz y de la unidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio:
Jesucristo, Rey del Universo
℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del Universo
a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
ungiéndolo con óleo de alegría,
para que ofreciéndose a si mismo,
como víctima perfecta y pacificadora
en el altar de la cruz,
consumara el misterio de la redención humana
y sometiendo a su poder la creación entera,
entregara a tu majestad infinita
un reino eterno y universal:
el reino de la verdad y de la vida,
el reino de la santidad y la gracia,
el reino de la justicia, el amor y la paz.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles,
tronos y dominaciones,
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Antífona de comunión (Sal 28, 10-11)
El Señor se sienta como Rey eterno, el Señor bendice a su pueblo con la
paz.
Oración después de la comunión
Después de recibir el alimento de la inmortalidad,
te pedimos, Señor,
que, quienes nos gloriamos de obedecer los mandatos
de Cristo, Rey del Universo,
podamos vivir eternamente con él
en el reino del cielo.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.